Termografía Infrarroja: ¿el método de monitoreo más riesgoso?

Es bien conocido por parte de personas vinculadas a la gestión de mantenimiento, que el mantenimiento basado en condición es una de las estrategias con mejor balance coste-riesgo-beneficio, entre otras razones debido a:

  • Puede ser aplicado para modos de fallo sin importar la acumulación de horas de operación del dispositivo, por ejemplo, es exitoso para la detección de fallo tempranos o aleatorios.

  • Hay una gran variedad de métodos de inspección que permiten profundizar en las causas del fallo (diagnóstico)

  • Permiten, cuando es aplicado con sabiduría, aprovechar tanto como se pueda la vida remanente del dispositivo, y así evitar tareas de mantenimiento innecesarias o antes de tiempo.

Hay otras razones, pero éstas son las más comúnmente citadas. Ahora bien, uno de los métodos de monitoreo de condición más populares hoy en día, y con mayor crecimiento a nivel de investigación y desarrollo de tecnología, es la termografía infrarroja. En pocos años, equipo térmico infrarrojo, pasó de ser una tecnología en extremo sofisticada para la cual se requería una enorme inversión, a ser una tecnología, en extremo sofisticada, pero al alcance de la mano de muchas empresas y personas.


Además, las características del producto final de una inspección, la imagen térmica, hacen que muchos interesados quieran atreverse a interpretarla, analizarla y obtener conclusiones a partir de ella. Al fin y al cabo, es solo una imagen, ¿cierto?


La, digamos ligereza, con la que a veces se asume la interpretación de una imagen térmica, ha generado no pocos casos en los que se llega a un diagnóstico erróneo o una falsa alarma. En general equipos de especialistas de monitoreo de condición tienen un fuerte enfoque a la detección. Es como si, en ocasiones, el especialista deseara buscar desesperadamente una justificación a su puesto de trabajo, mediante la generación de alarmas y labores de mantenimiento derivadas de detecciones hechas mediante mantenimiento predictivo. Es probablemente este enfoque hacia la detección, combinado con impericia en la técnica apropiada de investigación de una escena y análisis de la imagen térmica, que hace que la termografía infrarroja sea el escenario perfecto para generar grandes cantidades de falsas alarmas, o bien, diagnósticos erróneos. Desde este punto de vista, la implementación inadecuada de inspecciones térmicas infrarrojas y la interpretación de imágenes por personal no calificado, podría representar un cuantioso riesgo para una organización.


El punto aquí es que, en ciertos casos, una falsa alarma, podría ser tan costosa como un fallo funcional evitable con mantenimiento predictivo. Por tanto, es competencia del coordinador de un programa de predicción no solamente velar, por el cumplimiento de las rutas de inspección, pero también de llevar el pulso a los procesos de detección y diagnóstico, en procura de detectar lo que es verdaderamente un fallo y diagnosticarlo adecuadamente.


Aquí es donde la termografía infrarroja destaca, por la gran cantidad de situaciones en las que es relativamente fácil llegar a conclusiones equivocadas. Otros métodos, como por ejemplo el análisis de vibración mecánica, no representan tan alto riesgo, en este sentido, como la termografía, tal vez debido a que el análisis vibracional se entiende como un proceso muy complejo y una persona sin el debido conocimiento, no intentará de buenas a primeras, interpretar un espectro o una señal temporal. Esto no ocurre con la imagen térmica, todos queremos interpretarla, analizarla, obtener conclusiones. Todos tenemos algo que decir sobre ella.


Una imagen térmica es un mapa de calor. Pero no cualquier calor: solamente calor radiante. En otras palabras, es un mapa de la radiación de calor que producen los objetos en una escena. Esa radiación se ve afectada por un complejísimo número de interacciones entre los objetos y atributos de los materiales que hacen que por ejemplo ocurran fenómenos como los siguientes:

  • Dos objetos con diferentes temperaturas aparentes en la imagen podrían tener en realidad la misma temperatura.

  • Dos objetivos con la misma temperatura aparente en la imagen podrían tener en realidad diferente temperatura.

  • Una zona “caliente” de un material, podría en realidad estar a temperatura ambiente

  • Una zona en apariencia fría podría estar en realidad muy caliente.

  • Un “punto caliente”, podría ser en realidad el reflejo de otro objeto

  • Un aparente problema de sobrecalentamiento podría en realidad corresponder con una firma térmica normal.

Hay muchas otras situaciones, en las que una imagen térmica podría inducir al error a personas con poca o ninguna formación en el tema, y esto definitivamente dentro del contexto de un programa de monitoreo de condición, representará una pérdida considerable asociada a no detecciones, falsas alarmas, o diagnósticos erróneos.

Ante este panorama, a continuación, algunas recomendaciones:


Inicie su programa con formación básica.

Inclusive es preferible acudir a una capacitación básica en termografía infrarroja antes de adquirir el equipo térmico. De manera que pueda aprovechar esa capacitación para obtener información sobre cuales características en una cámara térmica son necesarias para sus aplicaciones específicas. De acuerdo con estándares internacionales de certificación de especialistas (ISO 18436 y ASNT SNT TC 1A). Esta formación básica sería un curso de Nivel 1. Sin embargo, inclusive un curso introductorio de 16 horas sería útil.


Diseñe el programa de monitoreo a su medida.

Tomar la cámara y “salir a casar mariposas” por lo general no es una buena idea. Un adecuado diseño, implica, un análisis previo de confiabilidad de sus equipos, la identificación de modos de fallo y los síntomas detectables con termografía infrarroja, creación de modelos de diagnóstico y más. De acuerdo con normativas ISO y ANSI/ASNT, este diseño debe ser hecho con una persona con las mayores calificaciones (en este caso seria un especialista

de Nivel III). Es difícil contar con este tipo de especialista como parte del staff de una industria, por lo que en general, lo recomendable es acudir a la contratación de servicios profesionales de un termógrafo con estas características, para cumplir con este requerimiento. En este apartado, los lineamientos publicados por el ISO 17359, son de consulta obligatoria.


La implementación debe contemplar los costes del sostenimiento del programa de monitoreo.

Entre otros costes, se pueden mencionar:

  • Calibración de instrumentación

  • Instrumentos y accesorios adicionales tales como anemómetros, tape de alta emisividad, radiadores de cuerpo negro para verificación de calibración, multímetros, termocuplas y otros dispositivos de laboratorio para hacer estudios en materiales (básicamente pruebas de emisividad y reflectividad)

  • Capacitación y certificación.

  • Asesoría y coaching por parte de un especialista Nivel III.

Aplique conceptos de confiabilidad operacional

La ingeniería de confiabilidad operacional ha llegado para quedarse. Esta “novedosa” disciplina hace algunos años, es hoy un conocimiento casi obligatorio, por parte del mantenedor en todos sus niveles: técnico, de supervisión, ingeniería y gerencia. Identificación de modos de fallo y síntomas, documentación de modelos de diagnóstico, indicadores claves, modelado de probabilidad de detección, estimación de intervalos P-F, son algunas de las tareas pendientes, que deben ser abordadas en el seno de la implementación de un programa de monitoreo y para cuyos fines se debe contar con conocimiento al menos básico en ingeniería de confiabilidad o bien, la asistencia de un especialista en esta rama.


Aplicada como corresponde, la termografía infrarroja es sin duda alguna, uno de los métodos de detección y diagnóstico más poderosos, que confiere al especialista la capacidad no solo de detectar sino también de “ver” un fallo potencial, siempre y cuento se apliquen convenientemente la combinación de destrezas que un termógrafo competente tiene y para las cuales normalmente se requiere de una rigurosa formación y la aplicación sistemática de los apropiadas técnicas, no solo de análisis pero también de gestión de la información en orden a procurar beneficios sostenibles en el tiempo.

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